Santo Domingo - Durante años, he planteado que en República Dominicana se hace necesario una reforma constitucional que contemple la aplicación de la pena de muerte y cadena perpetua para delincuentes que, sin ninguna piedad, asesinan a ciudadanos decentes, honrados y trabajadores para despojarlos de sus pertenencias; o para aquellos antisociales que violan y asesinan a niñas indefensas; para aquellos malhechores que, como Víctor Alexánder Portorreal Mendoza (El Metálico) sesgan la vida de una familia inocente. Podemos citar varios casos pero el tiempo no nos alcanza.
Ninguna teoría proveniente de personalidades e instituciones públicas y privadas, supuestamente expertas en el tema, podrán convencerme de que la instalación de centros correccionales en las cárceles del país lograría la regeneración de éstos "malditos" asesinos, en razón de que desde niños tienen la mente y el corazón podridos. Para estos casos, es oportuno acudir a una célebre frase que de generación en generación se ha incrustado en el argot popular: "Muerto el perro y se acabó la rabia".